Una piscina discreta, a menudo en el sótano de un edificio o junto a una sinagoga, que no se nota desde fuera: es la mikvé, el baño ritual del judaísmo. Las esposas, los conversos, hombres en vísperas de ciertas fiestas, e incluso utensilios de cocina nuevos se sumergen en ella. ¿Es una cuestión de higiene, de símbolo, de ley? Este artículo responde a partir de la Torá, la Mishná, el Talmud, Maimónides y el Shulján Aruj, distinguiendo lo que es halajá (la ley que se practica) de lo que pertenece a la lectura espiritual, y luego lo confronta todo con la arqueología.
La mikvé (en hebreo, «reunión de aguas») es una piscina construida según reglas precisas, que contiene al menos cuarenta seá de agua válida (unos cientos de litros) y en la que uno se sumerge por completo, sin nada que interponga una barrera entre el cuerpo y el agua. No tiene nada de baño de higiene: se entra ya limpio, y la inmersión cambia el estatus de la persona, no el estado de su cuerpo. Devuelve su pureza ritual (tahará) a quien se hallaba en un estado de impureza (tumá), es la última etapa de la conversión y prepara ciertos objetos para un nuevo uso. Hoy, su uso más extendido es la pureza familiar (taharat hamishpajá) que observan las parejas. Los Sabios han leído en ella también un segundo comienzo; esa lectura no es la ley, y las distinguiremos.
¿Qué es una mikvé?
La palabra procede de la raíz kavá, «reunir». Aparece desde la creación: «Y a la reunión de las aguas (ulemikvé hamayim) la llamó mares» (Bereshit 1:10). La Torá hace luego de ella un término de pureza: «Sin embargo, una fuente o una cisterna, una reunión de agua (mikvé mayim), permanecerá pura» (Vayikrá 11:36): אַךְ מַעְיָן וּבוֹר מִקְוֵה־מַיִם יִהְיֶה טָהוֹר. El versículo habla ante todo de la contaminación por animales muertos: una fuente o una cisterna no se contamina. La tradición lee en él también la regla según la cual cualquier «reunión de agua» permite la inmersión, con tal de que pueda recibir todo el cuerpo (Rambam, Hiljot Mikvaot 4:1, véase más abajo).
Una mikvé no es ni una piscina ni una bañera de hidromasaje: la halajá regula su construcción hasta el detalle. La Mishná le dedica un tratado entero, Mikvaot, que cuenta diez capítulos y pertenece al orden Tohorot, el de las leyes de pureza. Particularidad: este tratado no tiene Guemará en el Talmud de Babilonia; las leyes de la mikvé se estudian allí sobre todo a través de otros tratados (Eruvin 4a-b, Yevamot 46a-47b, Nidá 66a-67b, Avodá Zará 75b, que veremos). El Rambam (Maimónides) reunió estas leyes en sus Hiljot Mikvaot, once capítulos del Mishné Torá.
El primer capítulo de Mikvaot clasifica las aguas «en seis grados, cada uno por encima del otro» (Mishná Mikvaot 1:1). En lo más bajo de la escala, el agua de simples fosas, de menos de cuarenta seá; por encima, la mikvé de cuarenta seá, «en la que uno se sumerge y en la que se sumerge a otros»; en lo más alto, las «aguas vivas» (mayim jayim), las de una fuente, en las que se sumerge el zav (hombre afectado de una secreción) y con las que se prepara el agua de la vaca roja (Mishná Mikvaot 1:7-8). A cada situación de pureza corresponde un grado mínimo de agua.
Lo que dice la Torá
La Torá no dedica un capítulo a la mikvé como tal; prescribe el baño en casos precisos, y emplea casi siempre la misma fórmula, «y bañará su carne en agua». Se encuentra:
- para quien ha sido curado de la tzaraat, enfermedad cutánea ritual: lava sus vestidos, se afeita el vello y «se baña en agua» (Vayikrá 14:8-9);
- para el zav, que «bañará su carne en agua viva, y será puro» (Vayikrá 15:13);
- para el hombre tras una emisión de semen (Vayikrá 15:16) y para la pareja tras una unión (Vayikrá 15:18);
- para quien toca el lecho de un zav (Vayikrá 15:5);
- para el sumo sacerdote en Yom Kipur (Vayikrá 16:4 y 16:24);
- para el sacerdote y para quien quema la vaca roja (Bamidbar 19:7-8), y para el impuro que ha recibido la aspersión de sus cenizas (Bamidbar 19:19);
- para los objetos: «todo utensilio (…) será sumergido en agua, quedará impuro hasta la tarde, y luego será puro» (Vayikrá 11:32).
Llama la atención un detalle: la Torá no menciona explícitamente la inmersión de la mujer con la menstruación. Solo dice: «Estará siete días en su estado de nidá» (Vayikrá 15:19), y prohíbe la relación conyugal durante ese período (Vayikrá 18:19; Vayikrá 20:18 indica su gravedad: la pena de karet, el «desarraigo» del pueblo). La inmersión de la nidá se aprende de la regla general: para el Rambam, dondequiera que la Torá dice «lavar la carne» y «lavar los vestidos» a propósito de la impureza, se trata de la inmersión de todo el cuerpo en una mikvé. Estas reglas proceden de la tradición oral, precisa, pero un versículo les sirve de modelo para todos los impuros: «Será sumergido en agua (…) y será puro» (Vayikrá 11:32; Hiljot Mikvaot 1:1-2).
Una tercera observación, importante para comprender el espíritu de estas leyes, concierne al estatuto del baño. Según el Rambam, el mandamiento de inmersión no es una orden dada a todo impuro de purificarse a toda costa, como quien lleva una prenda de cuatro puntas debe ponerle tzitzit. La Torá nos enseña simplemente que quien quiere purificarse no lo hace sino por el agua: «quien quiera permanecer en su impureza y no entrar durante mucho tiempo en el campamento de la Presencia divina, tiene libertad para ello» (Séfer Hamitzvot, mandamiento positivo 109, citando el Sifrá, Ajaré Mot 5:3: «¿Acaso es un decreto del rey? La Escritura dice: «y después entrará en el campamento»», Vayikrá 16:26; la inmersión es, pues, la condición para entrar en el campamento, no una orden de purificarse). El Séfer Hajinuj (mandamiento 175) retoma este análisis. En la práctica, este razonamiento tiene una consecuencia nítida: para quien desea vivir una vida conyugal, la inmersión de la nidá es inevitable, puesto que la Torá castiga con karet la unión con una mujer que no la ha realizado (Shulján Aruj, Yoré Deá 201:1).
Los profetas retoman esta imagen: «Derramaré sobre vosotros agua pura, y seréis puros; de todas vuestras impurezas y de todos vuestros ídolos os purificaré» (Yejezkel 36:25). El agua es aquí un lenguaje para decir la renovación de un pueblo. Volveremos a ello con Rabí Akiva.
Cuarenta seá: el razonamiento del Talmud
La medida y su fuente
El Talmud establece la medida en Eruvin 4a-b, en una discusión sobre lo que, en halajá, es «ley dada a Moshé en el Sinaí» (halajá lemoshé misinai) y lo que está escrito en la Torá. Rav enseña que tres clases de leyes (las medidas de los mandamientos, los obstáculos a la inmersión, los tabiques) son tradiciones transmitidas en el Sinaí. La Guemará objeta que los obstáculos a la inmersión ya se deducen del versículo, y los vincula con Vayikrá 15:16, «bañará toda su carne en agua», que lee así:
«»En agua»: en el agua de una mikvé. «Toda su carne»: un agua en la que todo su cuerpo pueda subir; ¿y cuánto es eso? Un codo por un codo, con una altura de tres codos. Y los Sabios evaluaron el agua de una mikvé en cuarenta seá.»
(Eruvin 4b) — כל בשרו: מים שכל גופו עולה בהן, וכמה הן — אמה על אמה ברום שלש אמות. ושיערו חכמים מי מקוה ארבעים סאה.
El razonamiento es, pues, doble. El versículo impone la idea de un agua que pueda recibir todo el cuerpo de una sola vez; los Sabios tradujeron esta exigencia en volumen: el prisma de un codo por un codo, de tres codos de altura, contiene cuarenta seá (Rambam, Hiljot Mikvaot 4:1, que añade que, según la Torá, toda reunión de agua permite la inmersión con tal de que pueda recibir todo el cuerpo de una sola vez). La seá es una antigua medida de volumen. El Shulján Aruj da la medida en dedos: 44 118 dedos cúbicos y medio, para un codo de seis palmos y medio dedo (Yoré Deá 201:1). Según el patrón del dedo que adoptan las autoridades contemporáneas (del orden de 2 a 2,4 cm, cálculo aproximado), esto representa unos cientos de litros, entre 350 y 600 aproximadamente; por eso siempre se construye una piscina bastante más amplia, en la que se pueda uno sumergir de pie.
Agua de lluvia, agua de fuente, agua «sacada»
El agua de una mikvé debe ser de fuente o de lluvia. Se opone el agua que viene «de las manos del Cielo» (Rambam, Hiljot Mikvaot 4:2) al agua «sacada» (sheuvín), es decir, recogida en un recipiente por el hombre. Aquí se abre uno de los puntos más eruditos del tema, pues los Rishonim (las autoridades medievales) no lo resolvieron de la misma manera.
El Rambam explica que, según la Torá, toda agua reunida basta, sea sacada o no. Es «por palabras de los escribas» (mi-divré soferim), es decir, de los Sabios, que el agua sacada es inválida, y que tres log (del orden de un litro) de agua sacada que caigan en una mikvé de menos de cuarenta seá la invalidan; los vincula con una comparación del versículo, «una fuente, una cisterna, una reunión de agua» (Vayikrá 11:36): la fuente nada tiene del hombre, la cisterna todo del hombre, la mikvé no debe ser enteramente lo uno ni lo otro (Hiljot Mikvaot 4:1-2). El Séfer Hajinuj (mandamiento 175) sostiene la misma posición. En cambio, el Rema, en el Shulján Aruj, refiere, siguiendo al Rosh y a numerosos decisores, que si toda la mikvé está hecha de agua sacada, es inválida ya desde la Torá; pero si solo la minoría del agua es sacada, es únicamente de rango rabínico (Yoré Deá 201:3). La regla práctica es, pues, la del mayor cuidado: no se construye una mikvé con agua sacada.
La Mishná describe los casos límite: una mikvé que ha recibido tres log de agua sacada queda invalidada (Mikvaot 3:1); los recipientes dejados bajo un canalón pueden invalidarla (Mikvaot 4:1). Reconoce también que el mar tiene, según Rabí Meir, el estatuto de una mikvé («Y a la reunión de las aguas la llamó mares», Bereshit 1:10), mientras que Rabí Yehudá solo lo dice del Mar Grande (Mikvaot 5:4). El Shulján Aruj retiene que los mares tienen el estatuto de una fuente (Yoré Deá 201:5).
¿Cómo se alimenta una mikvé en plena ciudad?
Se logra gracias a un principio de la Mishná: el agua sacada se vuelve válida si se pone en contacto con el agua de una mikvé válida. Se «tocan» ambas, aunque sea «con un cabello» (Mikvaot 6:8). Dos mikvaot también pueden unirse por una abertura «como el tubo de un odre» (Mikvaot 6:7). El Rambam describe este procedimiento de contacto (hashaká): se hace pasar el agua de un tubo de barro o de plomo de modo que se mezcle con el agua de la mikvé (Hiljot Mikvaot 8:7).
Las mikvaot modernas aplican este principio: un depósito recoge el agua de lluvia bajo la piscina visible, unido a esta por una abertura. Se puede entonces añadir agua del grifo, filtrada, calentada y tratada, que se «mezcla» con el agua natural por este contacto (véase Shulján Aruj, Yoré Deá 201:52, sobre la anchura de la abertura). Estas técnicas son obra de arquitectos y rabinos especializados, y una mikvé siempre está supervisada y certificada por un rabino competente. La piscina debe estar fijada en el suelo o construida en él: el Rambam abre sus leyes con la regla de que los impuros solo se purifican por la inmersión «en agua reunida en la tierra» (Hiljot Mikvaot 1:1).
Nada debe hacer de barrera
La inmersión debe cubrir todo el cuerpo, cabello incluido, de una sola vez. Nada debe formar barrera (en hebreo, jatzitzá) entre el cuerpo y el agua: joya, esmalte, pasta, suciedad seca. La Mishná enumera las barreras (hilos de lana o de lino, cintas en el cabello; Mikvaot 9:1). La Guemará (Eruvin 4b) ve en «toda su carne» la fuente de esta exigencia, con una tradición oral para el cabello: un solo cabello anudado hace barrera, tres cabellos anudados juntos no la hacen.
El Rambam distingue luego dos niveles. Según la Torá, un cuerpo extraño hace barrera si cubre la mayor parte del cuerpo y si la persona le da importancia; los Sabios extendieron la prohibición a toda cosa a la que se da valor, aunque sea mínima (Hiljot Mikvaot 1:12). El Shulján Aruj precisa que lo que cuenta es aquello a lo que la mayoría de la gente da valor, aunque tal persona no se lo dé; y el Rema añade que, de entrada, se evita sumergirse incluso con cosas que no harían barrera (Yoré Deá 198:1). Por eso la inmersión va precedida de una preparación minuciosa: lavarse con esmero, peinarse el cabello para que no esté enredado, inspeccionarse, tomar un baño caliente (Yoré Deá 199:1), y quitarse joyas y esmalte.
Pureza ritual, no higiene
Es el punto que se comprende con menos facilidad. La palabra hebrea tumá, a menudo traducida por «impureza», no tiene nada de suciedad. Un niño cubierto de barro no es «tamé»; una persona impecablemente limpia puede serlo. La tumá es una categoría jurídica y espiritual, ligada a los grandes límites de la vida: la muerte (Bamidbar 19:11), ciertas enfermedades, ciertas secreciones del cuerpo. Concierne al acceso al Templo y a las cosas santas. Y no es una falta: ocuparse de un difunto es una mitzvá, y vuelve tamé.
El Rambam lo dice con claridad al final de sus Leyes de los baños rituales, en dos tiempos. Primero: «Las impurezas y las purezas son decretos de la Escritura; no dependen de lo que la inteligencia humana resuelve (…). La impureza no es barro ni suciedad que el agua quitaría»: אֵין הַטֻּמְאָה טִיט אוֹ צוֹאָה שֶׁתַּעֲבֹר בְּמַיִם אֶלָּא גְּזֵרַת הַכָּתוּב הִיא. El baño pertenece a los jukim, las leyes cuya razón la Torá no indica, y «la cosa depende de la intención del corazón». Después, ve en ello una alusión: así como quien se sumerge queriendo purificarse queda puro «sin que nada cambie en su cuerpo», así también quien decide en su corazón apartarse de los malos pensamientos y sumerge su alma «en las aguas del conocimiento» queda puro. Cita Yejezkel 36:25 (Hiljot Mikvaot 11:12).
Hay que leer también la Guía de los perplejos, donde el Rambam da a las leyes de pureza razones más pragmáticas: mantienen la reverencia debida al Santuario (no se entra en él en cualquier momento, tantas son las causas de impureza) y mantienen al hombre alejado de lo que está sucio (III, 47). Los dos textos no dicen lo mismo: uno busca la finalidad de las leyes para el pueblo, el otro descarta la idea de que el agua «lave» cosa alguna.
El Séfer Hajinuj (mandamiento 175) propone, para los niños, una lectura más sencilla: la inmersión recuerda que el hombre debe limpiar su alma de toda falta, como el agua limpia lo que se sumerge en ella. Añade que no es la vía de los hombres piadosos permanecer en la impureza: la impureza es repugnante, la pureza es amada, y el alma se eleva por la pureza.
¿Quién se sumerge, y por qué?
La mujer: la pureza familiar (taharat hamishpajá)
Es el uso más extendido hoy. El texto de la Torá es breve: la mujer que tiene la menstruación «estará siete días en su estado de nidá» (Vayikrá 15:19), y el hombre no debe «acercarse a ella para descubrir su desnudez» (Vayikrá 18:19). La tradición oral ha desarrollado el resto.
Los siete días «limpios». Según la Torá, el tiempo de espera de la nidá es de siete días, a contar desde el comienzo de la menstruación. Pero el Talmud refiere que «las hijas de Israel han sido más estrictas consigo mismas»: aunque solo vean una gota de sangre «como un grano de mostaza», cuentan siete días limpios tras el cese (Nidá 66a; Berajot 31a, que cita esta regla como ejemplo de halajá establecida: בנות ישראל החמירו על עצמן). El Rambam precisa que este uso se ha vuelto universal: la mujer cuenta siete días limpios como una zavá guedolá (Vayikrá 15:25-28), y luego se sumerge «en la noche del octavo día» (Hiljot Isuré Biá 11:4). Antes de comenzar la cuenta, se asegura del fin del sangrado mediante un examen (hefsek tahará), que debe hacerse hacia la puesta del sol (Shulján Aruj, Yoré Deá 196:1).
La inmersión de noche. El Talmud refiere una discusión entre Rav y Rabí Yojanán: para la nidá, la inmersión se hace de noche, «por temor a que su hija la imite» y se sumerja en un día en que la inmersión no es válida, por ejemplo el séptimo día (Nidá 67b). El Shulján Aruj lo convierte en regla: no se sumerge de día (Yoré Deá 197:1-3). Si su marido está en la ciudad, la mitzvá es sumergirse en el momento previsto, sin retrasarlo ni siquiera una noche, a causa del mandamiento de fecundidad; el Rema permite, con ciertas condiciones, la inmersión de la noche del viernes, pero hay usos locales más estrictos (Yoré Deá 197:2). La novia puede sumergirse antes de la jupá en pleno día, pues solo se reúne con su esposo al caer la noche (Rema, Yoré Deá 197:3).
La preparación y la bendición. La preparación se describe en el Shulján Aruj (Yoré Deá 198-199; 201 para la mikvé). Una divergencia conocida concierne al momento de la bendición («asher kidshanu… al hatevilá», «que nos santificó con Sus mandamientos y nos ordenó la inmersión»). Rabí Yosef Karo (el Mejaber), a quien siguen los sefardíes, la prescribe antes de la inmersión, estando la mujer todavía con su camisa; el Rema señala que algunos la dicen después de la inmersión, mientras ella se cubre en el agua, y que es el uso que se ha establecido en las comunidades ashkenazíes (Yoré Deá 200:1). Son diferencias de costumbre que se aprenden de su rabino o de la responsable de la mikvé.
La intención. ¿Hace falta una intención (kavaná) para que la inmersión de la nidá sea válida? El Shulján Aruj resuelve que una nidá caída al agua sin intención (o que ha bajado solo para refrescarse) está permitida a su marido; el Rema añade que algunos exigen una segunda inmersión, y que hay que ser estricto de entrada (Yoré Deá 198:48). Se ve aquí la distinción entre lo que se exige para que la inmersión sea válida y lo que se hace en la práctica, de entrada.
¿Por qué esta separación? El Talmud refiere la explicación de Rabí Meir: ¿por qué la Torá previó siete días de nidá? Porque el hombre se acostumbra a su esposa y termina por cansarse de ella; la Torá dice, pues, «será impura siete días», «para que sea tan querida a su marido como en el momento en que entró bajo la jupá» (Nidá 31b: כדי שתהא חביבה על בעלה כשעת כניסתה לחופה). Es la razón del Talmud; no es una ley, pero explica el ritmo.
La Mishná Shabat 2:6 clasifica la nidá junto con la jalá (separar una porción de masa) y el encendido de la vela de Shabat entre las tres faltas por las que «las mujeres mueren en el parto». Este pasaje, que concluye en la Mishná la exposición sobre las luces de Shabat, es de naturaleza agádica; no se emplea como regla, pero muestra el lugar de estas tres mitzvot en la tradición.
El tema toca la intimidad; tres puntos merecen plantearse con calma.
- No hay ni juicio ni vergüenza. La mujer no está «sucia» durante la nidá: la ley describe un cambio de estatus, ligado al ciclo de la vida, que marca el ritmo de la vida de la pareja. El pudor es un principio: el Rema refiere el uso de la discreción la noche de la inmersión (Yoré Deá 198:48).
- La mikvé es un acto privado. En la mayoría de las mikvaot, una responsable (la balanit) recibe a la mujer con discreción. En las comunidades, es una función respetada y confidencial.
- El cálculo de los días es preciso y se transmite de manera personal. Para cualquier situación particular (ciclo irregular, parto, enfermedad, embarazo), se consultará a un rabino competente, o a una consejera formada a tal efecto.
El converso o la conversa
La conversión se hace, según el Talmud, mediante la circuncisión para el hombre, la inmersión y la aceptación de las mitzvot ante un tribunal rabínico, el beit din. El Talmud refiere un desacuerdo antiguo (Yevamot 46a): Rabí Eliezer estima que un hombre circuncidado pero no sumergido es un converso («pues nuestros padres fueron circuncidados sin sumergirse»); Rabí Yehoshúa, que quien se ha sumergido sin estar circuncidado también lo es («pues nuestras madres se sumergieron sin estar circuncidadas»); los Sabios exigen ambas cosas. Es su opinión la que se retiene: el converso debe ser circuncidado primero (Shulján Aruj, Yoré Deá 268:1).
El texto fundacional es el de Yevamot 47a-b: se le dice al candidato: «¿Qué has visto para querer convertirte?». Se le informa de «algunas mitzvot leves y algunas mitzvot graves», sin insistir demasiado, y si acepta, se le circuncida sin demora; una vez curado, se le sumerge, «con dos discípulos de sabios (el Talmud precisa: tres) de pie junto a él» para informarle de nuevo. Para una mujer: «las mujeres la hacen sentarse en el agua hasta el cuello, y los dos sabios se quedan fuera» para informarla. La baraita añade: «allí donde la nidá se sumerge, allí se sumerge el converso»: una mikvé de cuarenta seá, y todo lo que hace barrera para la nidá hace barrera para el converso. Una vez hecha la inmersión, «es como un israelita para todo» (Yevamot 47a-b).
El Rambam da forma al conjunto: Israel entró en la alianza mediante tres actos, la circuncisión, la inmersión y un sacrificio (Hiljot Isuré Biá 13:1-4), deducidos apoyándose en «como vosotros, así el converso» (Bamidbar 15:15); el Talmud pregunta de dónde se extrae la inmersión de nuestros antepasados, y responde: de la aspersión de la sangre en la alianza del Sinaí (Shemot 24:6-8), pues «no hay aspersión sin inmersión» (Keritot 9a). El Rambam describe luego el desarrollo: los tres jueces, la mujer en el agua hasta el cuello, los jueces que se vuelven cuando ella sale del agua (Isuré Biá 14:1-6). El Shulján Aruj exige tres jueces válidos y que sea de día, para la información sobre las mitzvot, la circuncisión y la inmersión. Después del hecho, una inmersión realizada ante dos jueces o de noche es considerada válida por algunos, pero el Rif y el Rambam la consideran inválida (Yoré Deá 268:3). El detalle corresponde al beit din; no es un punto que se resuelva por cuenta propia.
La conversión se compara a menudo con un nacimiento, y hay que distinguir aquí el nivel jurídico del nivel poético. El Talmud dice, en efecto: «el converso es como un niño recién nacido» (גר שנתגייר כקטן שנולד דמי). Pero la expresión se emplea como un principio de derecho, para explicar que los lazos de parentesco anteriores a la conversión ya no tienen efecto: para el testimonio de dos hermanos conversos (Yevamot 22a), para la fecundidad y la herencia del primogénito (Yevamot 62a, en la disputa entre Rabí Yojanán y Resh Lakish), o en Rabí Yosé, que se sirve de ella para impugnar que se reproche a los conversos su pasado (Yevamot 48b). Es un principio de derecho, no una alegoría. La imagen espiritual del renacimiento se ha injertado en él, y es bella; pero no es el sentido de la frase talmúdica.
Para todo lo que concierne a la conversión, véase también nuestro artículo ¿Quién es judío? ¿Y cómo se llega a serlo?.
Los hombres
Los hombres no están sometidos hoy a ninguna obligación regular de inmersión, pero se han desarrollado varios usos, cuyo origen merece exponerse con precisión.
El decreto de Ezra. El Talmud refiere que Ezra el escriba, en la época del retorno del exilio (siglo V antes de la era común según la datación corriente), instituyó que un hombre que ha tenido una emisión de semen se sumerja antes de estudiar Torá o de orar (Berajot 22a-b: עזרא תקן טבילה לבעלי קריין). El Shulján Aruj da la razón: «para que los eruditos no estén con sus esposas como gallos». Pero esta institución fue anulada: no había sido adoptada por todos, y el público no tenía fuerzas para mantenerla (Rambam, Hiljot Tefilá 4:5; Shulján Aruj, Oraj Jaim 88:1: el hombre puede estudiar, recitar el Shemá y orar «sin inmersión y sin nueve kav»). La Mishná Berurá (88:4) señala que algunos hombres piadosos siguen respetándola mediante una inmersión, y que a quienes les resulta penoso se contentan con nueve kav de agua vertida sobre ellos. El Rambam observa además un uso «corriente en Babilonia y en España»: no se ora antes de haberse lavado todo el cuerpo, según «prepárate para encontrar a tu D-os, Israel» (Amós 4:12; Hiljot Tefilá 4:6).
Las vísperas de fiestas. Se encuentran varios usos. En la víspera de Rosh Hashaná, algunos se sumergen (Rema sobre Shulján Aruj, Oraj Jaim 581:4). En la víspera de Yom Kipur, el Shulján Aruj dice que se puede uno sumergir, pero sin decir bendición (Oraj Jaim 606:4); el Rema precisa que basta una sola inmersión, sin confesión, puesto que se hace «a causa de la emisión de semen», que se puede suplir haciéndose verter nueve kav, y que una persona en duelo también puede sumergirse ese día. La Mishná Berurá (606:19-21) recuerda que esta inmersión es solo un uso, que algunos ven en ella más bien un gesto de teshuvá y se sumergen tres veces, y que se sumerge uno en Yom Kipur incluso si ya se sumergió en Rosh Hashaná.
Los medios de fervor. En ciertos medios cabalísticos y jasídicos, se sumerge uno más a menudo (por ejemplo antes de Shabat o cada mañana). Es un uso de comunidad, sin carácter obligatorio, y cada uno sigue la costumbre de la suya.
El sumo sacerdote. En el Templo, «nadie entra en el atrio para el servicio, aunque esté puro, antes de haberse sumergido»; el sumo sacerdote se sumerge cinco veces en Yom Kipur y santifica diez veces sus manos y sus pies (Mishná Yomá 3:3), conforme a los versículos Vayikrá 16:4 y 16:24. Véase nuestro artículo sobre Yom Kipur.
Los utensilios: tevilat kelim
La mikvé no está reservada a las personas. Un utensilio de mesa de metal o de vidrio comprado a un no judío debe sumergirse antes de su primer uso (Shulján Aruj, Yoré Deá 120:1). La Mishná enuncia la regla (Avodá Zará 5:12), y el Talmud la vincula con el versículo de Bamidbar 31:21-23, sobre los despojos de Midián: «Todo lo que resiste al fuego, lo haréis pasar por el fuego, y quedará puro, pero se purificará también con el agua de lustración». Rava lee en él una pureza suplementaria, «y quedará puro», que exige la inmersión en cuarenta seá; Bar Kapará deduce de ello, a partir de «agua de nidá», que esta agua es aquella en la que la nidá se sumerge (Avodá Zará 75b). Rav Ashi extiende la regla al vidrio, que «tiene un remedio cuando se rompe», como el metal.
El Rambam presenta esta inmersión no como una regla de pureza ritual, sino como una disposición de los Sabios (mi-divré soferim) de la que el versículo es una alusión: tiene por objeto «purificar» el utensilio del uso no judío (Hiljot Maajalot Asurot 17:3-6). Los comentaristas debaten el alcance de esta expresión: simple apoyo en el versículo, o deducción que remontaría a la Torá. Se pronuncia una bendición («al tevilat kli», o «kelim» si hay varios: Shulján Aruj, Yoré Deá 120:3). Los utensilios prestados o alquilados no tienen que sumergirse (Yoré Deá 120:8); y para los utensilios recubiertos de plomo por dentro, el Rema señala que se sumergen sin bendición (Yoré Deá 120:1). Los detalles (materiales, bendición, casos dudosos) corresponden al rabino. Véase también ¿Qué significa «kosher»? La kashrut explicada.
Otros usos
También se encuentra la inmersión de la novia antes de su boda, práctica muy extendida (Rema, Yoré Deá 197:3), que se inscribe en la preparación de la jupá (véase La boda judía: jupá, ketubá y copa rota). El aseo ritual del difunto (tahará), que practica la Jevrá Kadishá, la cofradía funeraria, comporta también un lavado completo «para que esté limpio de toda impureza» (Shulján Aruj, Yoré Deá 352:4; véase El duelo en el judaísmo).

Un poco de historia y de arqueología
Las mikvaot son uno de los vestigios más frecuentes de la vida judía en la Tierra de Israel en la época del Segundo Templo: se han descubierto centenares, en Jerusalén, en Hebrón, en Masadá, en Janaton y en otros lugares. Las instalaciones acondicionadas para este uso aparecen en los vestigios a partir del siglo I antes de la era común aproximadamente; antes de esa fecha, cabe suponer que se sumergía uno en fuentes o piscinas no especializadas, pero las instalaciones no son identificables como tales. La síntesis de referencia es la de Ronny Reich, Miqwa’ot (Jewish Ritual Baths) in the Second Temple, Mishnaic and Talmudic Periods (en hebreo, Yad Ben-Zvi e Israel Exploration Society, Jerusalén, 2013).
En Jerusalén, las excavaciones realizadas al sur del Monte del Templo y en el barrio judío de la Ciudad Vieja (trabajos de Benjamin Mazar y de Nahman Avigad) han sacado a la luz numerosas piscinas talladas en la roca, a menudo con escalera, así como casas de época herodiana dotadas de su propia mikvé (Nahman Avigad, Discovering Jerusalem, 1983). En Masadá, la fortaleza de Herodes, las excavaciones de Yigael Yadin revelaron instalaciones del mismo género (Masada: Herod’s Fortress and the Zealots’ Last Stand, 1966). Su gran número lleva a los arqueólogos a ver en ello un hecho de sociedad, y no solo asunto de los sacerdotes; la Mishná recuerda además que nadie entraba en el atrio del Templo para el servicio sin haberse sumergido (Yomá 3:3).
Tras la destrucción del Templo, el uso de la mikvé continuó a través de los siglos y los continentes, y se conservan mikvaot medievales notables. En Espira, la mikvé fue construida a principios del siglo XII (se menciona en 1126); en Worms, se edificó una mikvé subterránea en 1186 junto a la sinagoga. Estos dos sitios, con los de Maguncia, fueron inscritos en el patrimonio mundial de la UNESCO en 2021 con el nombre de «sitios ShUM». En Francia, la mikvé medieval de Montpellier (siglo XII, desmantelada tras la expulsión de 1306, redescubierta a principios de los años 1980 y clasificada monumento histórico en 2004) y la de la sinagoga de Carpentras (edificada en 1367, con una mikvé profunda de una decena de metros) recuerdan que los judíos de Francia también excavaron hasta el agua viva.
De la escalera tallada en la roca en Jerusalén a las piscinas subterráneas de Espira, de Worms o de Montpellier, la forma de la instalación ha cambiado poco: una piscina excavada, una escalera, un agua natural.
Halajá y lectura espiritual: lo que dicen los textos y lo que sugieren
Conviene separar dos registros. La halajá es lo que se exige: un agua válida, un volumen, una inmersión completa sin barrera, un momento. La tradición espiritual es lo que los Sabios y los pensadores leen en el gesto. Enriquece la práctica; no la sustituye, y no tiene valor normativo.
«Mikvé Israel, Hashem»
El texto más bello es el último de la Mishná Yomá (8:9), recogido en el Talmud (Yomá 85b). Tras haber establecido que Yom Kipur no borra los agravios hacia el prójimo mientras no se le haya aplacado, Rabí Akiva exclama: «¡Dichosos vosotros, Israel! ¿Ante quién os purificáis, y quién os purifica? Vuestro Padre que está en los cielos, como está dicho: «Derramaré sobre vosotros agua pura y seréis puros» (Yejezkel 36:25), y está dicho: «Mikvé Israel, Hashem» (Yirmeyahu 17:13). Así como la mikvé purifica a los impuros, así el Santo, bendito sea, purifica a Israel». (מה מקוה מטהר את הטמאים — אף הקדוש ברוך הוא מטהר את ישראל).
El juego de palabras se apoya en el doble sentido de mikvé: «reunión de aguas» y «esperanza» (tikvá): «la Esperanza de Israel es el Eterno», o «la mikvé de Israel es el Eterno». El pasaje dice que la pureza no es un acto que uno se administra: es una relación. El agua es un signo; lo que significa es la posibilidad siempre abierta de una renovación.
Muerte y vida: una lectura moderna
El rabino Aryeh Kaplan, en Waters of Eden: The Mystery of the Mikvah (1976), propone que casi todas las impurezas se vinculan con la muerte (o, en el caso de la nidá, con la pérdida de una vida en potencia), y que el agua de la mikvé, comparada con el agua que sale del Edén, fuente de vida, responde a ellas. Otros relacionan el número cuarenta con los cuarenta días del diluvio (Bereshit 7:4), con los cuarenta días de Moshé en el Sinaí (Shemot 24:18) o con el período en que el embrión todavía es «solo agua» (Yevamot 69b). Son lecturas de predicadores, no la razón del número: la Guemará dice que cuarenta seá es la medida de un codo por un codo por tres codos (Eruvin 4b). Se pueden saborear; no se enseñan como ley.
Lo que enseña el Rav Raphaël Benizri
El Rav Benizri no ha dedicado ninguna clase a la mikvé como tal. Dos de sus clases publicadas la tocan de pasada, y las referimos sin añadirles nada.
- En la primera clase dedicada a Eshet Jáil (Mishlé 31), expone lo que dice la halajá sobre el estatus jurídico de la mujer antes de mostrar que su dignidad se juega en otra parte. Para ilustrar el límite impuesto a su palabra, toma el ejemplo de la conversión de una mujer: la inmersión se hace, por razones de decoro, en presencia de una mujer, pero la palabra de la responsable del baño ritual no basta para validar la conversión. Hace falta que unos rabinos se mantengan del otro lado del tabique, que se les informe de que la inmersión fue completa y que interroguen a la candidata sobre sus intenciones; es su declaración la que hace reglamentaria la conversión. Este procedimiento es el que describen el Talmud (Yevamot 47a-b) y el Rambam (Isuré Biá 14:6). Véase la clase: Eshet Jáil, 1.ª parte: el estatus de lo femenino.
- En su clase sobre Rajel y Leá (Vayetzé), el Rav relee el relato de las «señales» que Rajel y Yaakov habían convenido y que Rajel finalmente transmitió a su hermana. Estas señales, dice, se referían a las tres obligaciones que fundan su matrimonio; la transcripción de la clase nombra en ellas la nidá, y asocia estas obligaciones con la cuestión de si el amor puede escapar a la rutina y al simple ciclo de la atracción natural. El hecho de que Rajel entregara las señales a Leá figura ya en el Talmud (Megilá 13b) y en Rashí (sobre Bereshit 29:25). Véase la clase: Vayetzé: Rajel y Leá, dos rostros.
La mikvé hoy: una práctica viva
La mikvé está lejos de ser una reliquia. En casi todas las comunidades judías del mundo, una mikvé es construida y mantenida por la comunidad, a menudo mucho más moderna de lo que se imagina: cuartos de baño individuales, recepción discreta, mantenimiento riguroso, agua calentada y tratada.
Así se desarrolla, en términos generales, una inmersión de taharat hamishpajá. La mujer llega después de caer la noche y se prepara: baño o ducha, cepillado de dientes, desenredado del cabello, retirada de todo lo que pudiera hacer barrera. Entra en la piscina y se sumerge por completo, con el cuerpo y el cabello cubiertos de agua. Pronuncia la bendición en el instante prescrito por su comunidad, y luego se sumerge de nuevo según el uso (el número de inmersiones varía según las costumbres). El rito es sencillo.
Para cualquier situación particular, se acudirá a su rabino o a la responsable de la mikvé; no es un punto que se resuelva solo con un libro. Este artículo presenta las grandes líneas; no sustituye una consulta.
Ideas equivocadas sobre la mikvé
«Es un baño de higiene»
No. Se entra limpio, y el agua no «lava» nada en ella: «la impureza no es barro ni suciedad» (Rambam, Hiljot Mikvaot 11:12). El Shulján Aruj dice que la mujer no sale de su estado lavándose en un baño, «aunque todas las aguas del mundo pasaran sobre ella» (Yoré Deá 201:1): una ducha o una piscina ordinaria no tiene ningún valor de mikvé.
«La mikvé es para decir que la mujer está sucia»
Tampoco. La tumá no es suciedad y no es un juicio. Afecta también a los hombres, en varias situaciones de la Torá (Vayikrá 15). Y los Sabios describen la pureza familiar como un medio de conservar frescura a la pareja (Nidá 31b). Algunas mujeres encuentran en ella un tiempo de renovación; otras se interrogan, y es legítimo plantear las preguntas a un rabino o a una consejera.
«Es un bautismo judío»
Hay parecidos superficiales (agua, una inmersión), pero la comparación termina ahí. En el judaísmo, la inmersión no confiere la salvación ni perdona las faltas: la falta se repara con la teshuvá, y la imagen de Rabí Akiva es justamente que D-os purifica a Israel como la mikvé purifica al impuro (Yomá 8:9). Uno se sumerge a sí mismo, y lo hace muchas veces en la vida. Las mikvaot existían mucho antes del cristianismo, como muestran las excavaciones; los historiadores señalan parentescos entre las prácticas de inmersión de la época y el bautismo, pero la naturaleza del rito ha cambiado.
«Es una práctica reservada a las mujeres»
No. Los conversos, hombres y mujeres, se sumergen en ella; hay hombres que van antes de Yom Kipur; y los utensilios también pasan por ella.
«Ya no existe, o solo entre los ultraortodoxos»
Falso. La mikvé se usa en todas las comunidades practicantes, sefardíes, ashkenazíes, jasídicas, modernas.
Preguntas frecuentes sobre la mikvé
¿Qué es una mikvé en una frase?
Es una piscina de agua natural, de al menos cuarenta seá, construida según la halajá, en la que uno se sumerge por completo para cambiar de estatus ritual: recuperar la pureza, entrar en el pueblo judío o dejar un utensilio apto para el uso.
¿Por qué cuarenta seá?
Es el volumen de una piscina de un codo por un codo, de tres codos de altura: el agua en la que «todo su cuerpo puede subir» (Eruvin 4b; Rambam, Hiljot Mikvaot 4:1).
¿Se puede uno sumergir en el mar o en un río?
El mar, los ríos y las fuentes son aguas válidas en principio (Mikvaot 5:4; Shulján Aruj, Yoré Deá 201:2 y 5), pero hay condiciones precisas (por ejemplo, para los ríos crecidos por la lluvia, donde el Rema recomienda rigor) y cuestiones de seguridad, de temperatura y de decoro. En la práctica, se usa una mikvé construida. En caso de duda, se consultará a un rabino.
¿Quién debe sumergirse?
Los conversos, al final de su conversión; las mujeres casadas, al final de cada período de nidá; quienes siguen usos particulares, como muchos hombres antes de las grandes fiestas; y los utensilios de mesa nuevos comprados a un no judío. Para cualquier situación particular, se consultará a un rabino.
¿Está limpia la mikvé?
Sí. El agua se filtra, se trata y se renueva, y uno se prepara con esmero antes de la inmersión: la pureza ritual no es higiene, pero la ley también pide que uno esté limpio para sumergirse (Shulján Aruj, Yoré Deá 199:1).
¿Deben los hombres ir a la mikvé?
Hoy no hay una obligación regular, aparte de la conversión: el decreto de Ezra sobre la inmersión de quien ha tenido una emisión de semen fue anulado (Shulján Aruj, Oraj Jaim 88:1). Pero el uso de ir antes de Yom Kipur está extendido (Oraj Jaim 606:4), y otros lo observan antes de Rosh Hashaná (581:4).
Para ir más lejos
La mikvé es un lugar discreto, y quizá sea eso lo que hace su fuerza: un rito que no busca el espectáculo, sino el tránsito. Para continuar, aquí hay algunas lecturas en el sitio.
- ¿Quién es judío? ¿Y cómo se llega a serlo?
- La boda judía: jupá, ketubá y copa rota
- ¿Por qué la circuncisión (brit milá) en el judaísmo?
- ¿Qué significa «kosher»? La kashrut explicada
- ¿Por qué las mujeres judías casadas se cubren el cabello?
- El duelo en el judaísmo: shivá, espejos cubiertos, entierro
- Yom Kipur: ¿cuál es el sentido del día del Gran Perdón?
- Glosario de palabras hebreas del judaísmo
Fuentes y referencias (37)
- Bereshit (Génesis) 1:2; 1:10; 7:4
- Shemot (Éxodo) 24:6-8; 24:18
- Vayikrá (Levítico) 11:32; 11:36; 14:8-9; 15:5; 15:13; 15:16; 15:18-19; 15:25-28; 16:4; 16:24; 16:26; 18:19; 20:18
- Bamidbar (Números) 15:15; 19:7-8; 19:11; 19:19; 31:21-23
- Yirmeyahu (Jeremías) 17:13
- Yejezkel (Ezequiel) 36:25
- Amós 4:12
- Mishná Mikvaot 1:1; 1:7-8; 3:1; 4:1; 5:4; 6:7-8; 9:1
- Mishná Shabat 2:6
- Mishná Yomá 3:3; 8:9
- Mishná Avodá Zará 5:12
- Talmud de Babilonia, Eruvin 4a-b
- Talmud de Babilonia, Berajot 22a-b; 31a
- Talmud de Babilonia, Yevamot 22a; 46a; 47a-b; 48b; 62a; 69b
- Talmud de Babilonia, Keritot 9a
- Talmud de Babilonia, Nidá 31b; 66a; 67b
- Talmud de Babilonia, Avodá Zará 75b
- Talmud de Babilonia, Yomá 85b
- Talmud de Babilonia, Megilá 13b
- Sifrá, Ajaré Mot 5:3
- Rashí sobre Bereshit 29:25
- Rambam, Mishné Torá, Hiljot Mikvaot 1:1-2; 1:12; 4:1-2; 8:7; 11:12
- Rambam, Mishné Torá, Hiljot Isuré Biá 11:4; 13:1-4; 14:1-6
- Rambam, Mishné Torá, Hiljot Maajalot Asurot 17:3-6
- Rambam, Mishné Torá, Hiljot Tefilá 4:5-6
- Rambam, Séfer Hamitzvot, mandamiento positivo 109
- Rambam, Guía de los perplejos III, 47
- Séfer Hajinuj, mandamiento 175
- Shulján Aruj, Yoré Deá 120:1; 120:3; 120:8; 196:1; 197:1-3; 198:1; 198:48; 199:1; 200:1; 201:1-3; 201:5; 201:52; 268:1; 268:3; 352:4
- Shulján Aruj, Oraj Jaim 88:1; 581:4; 606:4
- Mishná Berurá, Oraj Jaim 88:2 y 4; 606:19-21
- Rabino Aryeh Kaplan, Waters of Eden: The Mystery of the Mikvah, NCSY / Union of Orthodox Jewish Congregations of America, 1976
- Ronny Reich, Miqwa’ot (Jewish Ritual Baths) in the Second Temple, Mishnaic and Talmudic Periods (en hebreo), Yad Ben-Zvi e Israel Exploration Society, Jerusalén, 2013
- Yigael Yadin, Masada: Herod’s Fortress and the Zealots’ Last Stand, 1966
- Nahman Avigad, Discovering Jerusalem, 1983
- UNESCO, sitios ShUM de Espira, Worms y Maguncia, inscritos en el patrimonio mundial en 2021
- Clases del Rav Raphaël Benizri: Eshet Jáil, 1.ª parte: el estatus de lo femenino; Vayetzé: Rajel y Leá, dos rostros
Artículo de la redacción de Pensées Juives. Los pasajes atribuidos al Rav Raphaël Benizri proceden de sus clases publicadas en este sitio.

