Cuadernillo de estudio de esta clase
Un cuadernillo de estudio para imprimir: una pregunta por página, la respuesta del Rav, su fuente y una enseñanza para debatir en familia.
Primera parte del estudio de la Hagadá. El Rav Raphaël Benizri parte de la descomposición de la palabra Pésaj en pe saj, «la boca que habla», para mostrar que la primera liberación es la del lenguaje, y que la noche del Séder es ante todo un ejercicio de comunicación.
Las cuatro copas, las cuatro partes de la Hagadá, la introducción en arameo, el pan pobre que llama al invitado, las tres alegrías del mundo judío: esta clase concluye con un largo intercambio de preguntas con el público.
Lo que enseña esta clase
El lenguaje de Adam está en exilio desde el pecado. Condicionado por la vida cotidiana, por la cultura que se nos impone, por las tensiones familiares y por el yugo de los regímenes bajo los que vivimos, vegeta. La libertad comienza, pues, por la palabra: poder comunicarse sin pantallas y despejar todo lo que impide alzar el vuelo.
Pésaj se descompone en pe saj, una boca en movimiento. También el Faraón tenía un lenguaje, pero cerrado, incapaz de evolucionar o de salir de sus límites: pe ra, una boca mala. Lo que distingue a ambos es la apertura, no la palabra por sí sola.
Se comparte el daat antes de compartir la comida. Fue el daat (el conocimiento) lo que arrastró a Adam a su pecado y provocó su expulsión: perdió las virtudes creadoras de su lenguaje y solo conservó de él el sonido y la forma. Y la forma no basta.
El verdadero lenguaje conduce al canto. Vayómer es hablarse a uno mismo; vaydabér es hablar al otro sin compartir necesariamente su punto de vista; lehaguid, de donde viene hagadá, es unir. Y nadie canta solo: la Hagadá termina con cantos porque el canto es elevación y comunión.
La Hagadá no tiene bendición, porque su esfuerzo no tiene término. Como la tzedaká (la caridad) o la práctica de la bondad, pertenece a lo natural del hombre que vive en sociedad. La Meguilá y el shofar, en cambio, llevan bendición, y hasta se puede cumplir con ellos la obligación de cien personas. La Hagadá no: exige una interacción real.
La tradición judía es alérgica al Séder entendido como programa fijo. Un orden repetido sin originalidad ni innovación no es el espíritu de la noche: el orden está ahí para ser superado, y se va más allá del orden del lenguaje, hasta el canto y las alabanzas.
Cuatro copas para cuatro partes. La primera celebra la salida de Egipto; la segunda, el desarraigo de la cultura egipcia y de la idolatría que nos había alcanzado (los acusadores decían: unos y otros son idólatras); la tercera rinde homenaje a una liberación que no habíamos merecido y que ni siquiera habíamos querido; la cuarta es el canto, abierto a un devenir mesiánico.
En esta mesa está prohibida la exclusión. El jajam, el rashá, el tam y el que no sabe preguntar son los cuatro componentes de la sociedad, y a menudo se encuentran realmente a nuestro alrededor. El lenguaje liberado debe acercar, no levantar barreras.
Kadesh abre el camino hacia la kedushá. El Ramjal, en Mesilat Yesharim, hace de la santidad la culminación de una evolución a través de diez grados de midot (rasgos de carácter). Y si las inteligencias difieren, las virtudes no conocen ni peso ni medida: en ellas todos los hombres son iguales.
El karpás enseña a compartir en la carencia. Aun reducido a un trozo de apio mojado en agua salada, aun en la angustia y las lágrimas, se comparte: esa es la condición para acceder a la santidad.
Hay cuatro expresiones de liberación, y una quinta puesta aparte. Os sacaré, os salvaré, os redimiré, os tomaré: cuatro copas para cuatro condicionamientos. Pero vehevetí, «os llevaré a esta tierra», no tiene su copa: la tierra correría el riesgo de convertirse en la meta última en lugar de «os tomaré por pueblo».
La Tierra de Israel es una herramienta, no un fin. Se da para permitir que el pueblo florezca, recupere su independencia y difunda su enseñanza: medio de una misión, no término del recorrido.
La Hagadá se abre en arameo: a cada cual su lengua. Mientras no se haya integrado la fuerza del lenguaje hebreo, nos comunicamos en la lengua del exilio, sobre todo para invitar a alguien a nuestra mesa. Y mientras sigamos balbuceando los idiomas traídos de todos los exilios, seguimos hablando la lengua del exilio, incluso en la tierra de Israel.
El lenguaje es el secreto de la reunión. Vayakhel y Kohélet dicen lo mismo: cuando Shelomó reúne las corrientes de pensamiento y a los representantes de las naciones, lo que reúne es su lenguaje. Los ángeles, por su parte, solo conocen la lengua de la creación.
La matzá es a la vez pan de miseria y pan de libertad. El pan pobre es el que suscita el diálogo: el hombre que mide sus carencias busca lo que lo completa en el otro, y es entonces cuando dice: «Todo el que tenga hambre, que venga y coma».
El salto no avanza etapa por etapa. Se pueden saltar muchas etapas: cuando se toma una decisión en lo alto, los acontecimientos dan un giro asombroso y se pasa de la miseria más negra a una situación extraordinaria.
Tres alegrías, entre ellas la risa. Sasón es la alegría de una espera aún no colmada pero tenida por cierta; simjá, la de una espera satisfecha; y la risa aparece con Sará, porque es propia de lo inesperado. De ahí Itzjak, y esa risa que el pueblo judío lleva en sus genes para desafiar los acontecimientos.
Hashatá quiere decir ahora, no «este año». Estamos aquí, pero el shinui (el cambio) puede producirse en los próximos minutos: es saliendo de nuestro condicionamiento como alcanzaremos el lugar de nuestra plenitud y podremos hablar de libertad total.
Una moral compartida no basta para hacer una fe. Respondiendo a una pregunta, el Rav distingue la segunda tabla del Decálogo, una moral comúnmente admitida, de la primera: sin Anojí, «no matarás» no dice todavía que quien suprime una vida disminuye la imagen de D-os en el hombre.
Las hijas primogénitas no ayunan la víspera de Pésaj. Los primogénitos varones ayunan porque fueron salvados sin mérito propio, en virtud de un compromiso contraído con los patriarcas. Las primogénitas, en cambio, tenían su mérito: la resistencia en Egipto fue obra de las mujeres.
La elección es un dogma, y el mérito está en haberla aceptado. Según el Majaral de Praga, la elección es gratuita; Avraham es también el padre de Yishmael, e Itzjak el de Esav. Lo que constituye el mérito de Israel es haberse adherido a esta carga, ser mamléjet kohanim vegoy kadosh (un reino de sacerdotes y una nación santa), mientras la tentación de vivir como todo el mundo sigue viva.
El rashá no es un necio. Es un espíritu científico brillante, y por eso se sienta junto al jajam: no rechaza la inteligencia, rechaza la sabiduría, pues quiere que todo se ajuste a las leyes de la naturaleza y a la moral natural. El tam, por su parte, ha tomado como rehén la vav: cree en los santos más que en el Santo, bendito sea.
Al que no sabe preguntar hay que sacudirlo. At petaj lo emplea el femenino donde se esperaría atá: toma ejemplo de la mujer, que no solo da, sino que se da. Ábrele tú de la misma manera.
Transcripción completa de la clase
Un lenguaje en exilio
Como sabemos, la fiesta de Pésaj comienza con la voluntad de comunicar, de poner a prueba ese don particular depositado en la creación de Adam, ese soplo divino con el que Él lo animó en la creación. Pero es preciso liberarlo, porque muy a menudo, a causa del pecado de Adam, ese lenguaje se encuentra en exilio.
Un lenguaje en exilio es un lenguaje condicionado por nuestra vida cotidiana, por la cultura que padecemos, a veces por los problemas en el seno de la familia, por no hablar del yugo de las autoridades, de los distintos poderes y de los diversos regímenes bajo los que vivimos.
Y lo propio de la libertad es ante todo la libertad del lenguaje: poder comunicarse libremente, poder sacar y expulsar de uno mismo todos los elementos que hacen vegetar nuestro lenguaje, que lo reducen y que no nos permiten alzar el vuelo.
Por eso la salida de Egipto se centra en primer lugar en la comunicación: la comunicación con uno mismo, con la familia, con los hijos en la mesa, con el mundo exterior. Y en primer lugar, en denunciar las coacciones de las que somos víctimas y, después, evidentemente, nuestro propio condicionamiento por los ídolos que nos hemos dado en nuestra vida.
Pe saj: la boca que habla
Por eso nuestros sabios descompusieron la palabra Pésaj en pe saj, la boca que habla, una boca en movimiento. Pero también el Faraón tenía su propio lenguaje. La diferencia es que el suyo era un lenguaje cerrado. Y cuando el lenguaje está cerrado, cuando no puede evolucionar ni salir de sus límites, entonces es pe ra, una boca mala.
Comprendemos así por qué, antes de compartir la comida, debemos compartir el conocimiento, el daat, como suele traducirse. Fue precisamente el principio del daat lo que arrastró a Adam a su pecado y provocó su expulsión del Jardín del Edén. Perdió las virtudes de su lenguaje, las virtudes creadoras de su lenguaje. Solo conservó de él el sonido, la forma. Y eso no basta.
El verdadero lenguaje es el que permite al hombre establecer una comunicación con lo absoluto, con lo divino, el que le da acceso al shir, al canto. Por eso cantamos la Hagadá y la concluimos con cantos: porque en el canto hay una elevación del alma, una voluntad de compartir. No se canta solo. A uno le gusta compartir el canto al unísono con los demás, con la sociedad.
Decir, dialogar, unir
Ese es el principio de este verbo. Porque, como sabéis, uno puede hablarse a sí mismo: eso es vayómer. Uno puede hablar al otro: eso es vaydabér, pero eso no quiere decir que vayamos a compartir el mismo punto de vista. Siempre podemos dialogar, pero cada uno conserva sus ideas y sus principios.
En la Hagadá hay, sin embargo, cierta exigencia, porque debemos quedar vinculados por lo que decimos, comprometidos por nuestras palabras, no divididos ni separados por nuestras opiniones, sino, al contrario, unidos, según el verbo lehaguid, «unir».
Por qué la Hagadá no tiene bendición
Como este esfuerzo de la Hagadá es permanente, no puede limitarse en el tiempo. No hay bendición para la Hagadá. En general, toda mitzvá que cumplimos (y la Hagadá es una mitzvá, puesto que está escrito: «Y contarás a tu hijo»: instruirás a tu hijo, relatarás a tu hijo, comprometerás a tu hijo) va precedida de una bendición, excepto las mitzvot que son constantes, como la tzedaká. No tienen límite, y pertenecen a lo natural del hombre que vive en sociedad, como por ejemplo la práctica de la bondad. No lleva bendición, y hay otras.
En cambio, para la lectura de la Meguilá, por ejemplo, decimos una bendición. Para el toque del shofar decimos una bendición. Y no solo la bendición propiamente dicha: con nuestra bendición podemos hacer cumplir la obligación a otras personas. Se puede encender una janukiyá por cien personas que están presentes y siguen el rito. Se puede tocar el shofar por tantas personas como se quiera.
Pero la Hagadá, atención, en lo que expresa, en esta voluntad de comunicación que nos compromete a dos, a tres, en un mismo camino de vida, no tiene bendición. Y no se puede, ¿verdad?, leer la Hagadá sin más en nombre de todos sin que haya interacción en estas discusiones y entre los diversos componentes de la sociedad, que son cuatro. Se los ha reducido a cuatro, y ya veremos el significado, el simbolismo del número cuatro, que vuelve a lo largo de toda esta noche del Séder.
El Séder, el orden y el canto
Porque en esta noche del Séder debemos poner orden. En general, la tradición judía es alérgica al séder. Séder quiere decir una programación repetida: así es como debe desarrollarse toda ceremonia, sin la menor originalidad, sin la menor innovación. ¡No! Nosotros, cuando pensamos en el séder, es para alcanzar el umbral que está lemala min haséder, más allá del orden. Más allá del orden, y más allá del orden del lenguaje, está también el canto. Terminamos la noche del Séder únicamente con cantos y alabanzas.
Las cuatro copas, las cuatro partes
Esto, por otra parte, se presenta en cuatro partes la noche de Pésaj, porque también la Hagadá tiene cuatro partes, a las que corresponden las cuatro copas que tomamos la noche de Pésaj, las cuatro copas de vino.
La primera es para celebrar nuestra salida de Egipto. La segunda es para celebrar, con todo, nuestro desarraigo de la influencia de la cultura egipcia y de la idolatría que de algún modo había manchado nuestra forma de vivir en Egipto. Porque no olvidemos que, en la salida de Egipto, hubo acusadores que decían: unos y otros son idólatras; ¿por qué se castiga a los egipcios y se salva al pueblo judío?
La tercera etapa es para rendir homenaje al Eterno, porque no merecimos la salida de Egipto. No hicimos nada para salir de Egipto. Sufrimos las persecuciones en Egipto. Al contrario, nos rebelamos contra Moshé cuando nuestras condiciones de vida en Egipto empeoraron a causa de su intervención en nuestro favor. Así que se nos concedió por gracia la salida de Egipto. Pero tampoco esta bajada a Egipto la decidimos nosotros: nos vimos obligados a ella. Incluso estaba programada antes de que naciéramos, porque debíamos pasar efectivamente por el filtro de Egipto para realizar nuestra identidad y establecer una separación de gran alcance, que mantendríamos después.
Y la cuarta parte de la Hagadá es el canto, que en principio cierra toda la discusión sobre la salida de Egipto y se proyecta hacia un devenir mesiánico.
No excluir nunca a los cuatro hijos
Volvamos ahora a este principio del lenguaje en exilio, que en definitiva nos lleva a optar por un lenguaje que une los elementos de la sociedad y que no establece exclusión ni barrera entre el jajam, el rashá, el tam y el que no sabe preguntar: entre los cuatro componentes, dicho sumariamente, de la sociedad en la que vivimos, y que a veces se encuentra incluso en nuestra propia mesa. Está ahí, presente. La exclusión está prohibida.
Debemos a toda costa buscar liberar este lenguaje, porque, una vez liberado, es posible crear cierta comunicación, un intercambio de puntos de vista que sin duda nos acercará y nos permitirá contribuir juntos a la liberación futura de la humanidad entera. El primer mensaje fue esta liberación del lenguaje. Sin ella ni siquiera habríamos comprendido las palabras de la Revelación. Habríamos sido incapaces de captarlas.
Kadesh: la santidad como meta del recorrido
Así pues, ¿cómo procedemos? Sabéis que hay todo un ritual que paso por alto, a saber, la copa del Kadesh, esa kedushá que es la meta última de nuestro recorrido: acceder a lo sublime de la santidad. El camino es largo y está sembrado de obstáculos, porque también nosotros éramos en parte idólatras, porque no supimos comprender la Torá que se nos dio ni las mitzvot con las que se nos armó, y porque también mostramos en el exilio desprecio por la tierra que nos había sido dada.
Ahora bien, sabéis que hay cuatro expresiones de la liberación de Egipto: os sacaré, os salvaré, os redimiré y os tomaré. Os tomaré como pueblo. Estas cuatro expresiones remiten a los cuatro condicionamientos en los que vivimos y de los que queremos efectivamente arrancarnos.
Nos servimos del vino para ello, porque cuando entra el vino, el hombre se libera por completo y se vuelve comunicativo. No hablamos de la embriaguez. Hablamos de ese vino que alegra el corazón del hombre y que hace que se preste a esta comunicación que no levanta pantallas ni barrera alguna.
Decía que la primera copa era la santidad, Kadesh. Pero para Kadesh hay que preocuparse efectivamente de la propia pureza, preocuparse del karpás, preocuparse de compartir con el otro, incluso en la angustia total, incluso en la carencia, incluso cuando no se tiene más que un trozo de apio que se moja en agua salada, cuando uno está abatido y el ojo deja correr algunas lágrimas, como esas aguas saladas de un alma afligida.
El Ramjal sitúa la kedushá como la meta última del recorrido del hombre a través de sus midot. En su Mesilat Yesharim […], establece diez capítulos que marcan el ritmo de la evolución del hombre en el plano de sus midot, de sus cualidades, de sus virtudes.
Porque en el plano del espíritu, en el plano del conocimiento, seguimos siendo fundamentalmente diferentes unos de otros. Hay quienes tienen facultades que otros no tienen, y podemos practicar nuestro judaísmo en distintos niveles, porque no tenemos las herramientas, no tenemos los medios para comprenderlo todo, para integrarlo todo. Sin embargo, en el plano de las virtudes del hombre no hay pesos ni medidas. Al contrario, aquí todos los hombres son iguales.
Y el Ramjal nos dice: veatem hadevekim ba-Hashem Elokejem, jayim kuljem hayom, «vosotros, los que estáis apegados a Hashem vuestro D-os, estáis todos vivos hoy». Lee el versículo […]: es a la medida de vuestro apego a las virtudes de D-os como se evalúa vuestra vida. Así pues, es aquí, con la primera copa de vino, donde anunciamos el tono.
La quinta promesa y la quinta copa
La última, como dije, está ligada a velakajtí etjem li leam, «os tomaré como pueblo». Esa es la meta última.
Ahora bien, hay un quinto elemento. El quinto elemento es vehevetí: «os llevaré a esta tierra». ¿Por qué entonces no hay una quinta copa de vino para esta quinta expresión, esta quinta promesa de D-os? Es para decirnos (y no os ofendáis) que la Tierra de Israel correría el riesgo, en ese caso, de convertirse en la meta última en lugar de «os tomaré como Mi pueblo», que es lo más importante que hay que realizar.
Se trata de que el Santo, bendito sea, nos eligió de entre todos los pueblos, asher bajar banu mikol haamim, con miras al día último en que el Nombre de D-os quede efectivamente identificado con Su realidad, con Su ser. Porque, por el momento, hay muchas creencias en D-os, pero se centran más bien en el shem, en el atributo, en el nombre, y no en la integridad: no en la identidad de estos nombres, de estas virtudes, con el Ser divino. Y eso es una previsión del futuro.
La tierra, pues, no es más que el medio de realizarlo; es decir, vehevetí, os llevaré a la tierra que juré a vuestros padres, para daros los medios de cumplir esta misión. Por eso nos detenemos únicamente en cuatro copas y no incluimos la quinta dimensión, la de vehevetí, la noche de Pésaj.
Empezar en arameo: hablar la lengua de cada uno
Y esto se verifica en la primera parte, en la introducción de la Hagadá, cuando empezamos a hablar en arameo. Es una manera de decir que a cada uno hay que hablarle en su lengua. ¿Aún no hemos integrado la fuerza del lenguaje hebreo? No importa: podemos efectivamente comunicarnos en cualquier lengua, y sobre todo cuando se trata de invitar a alguien a la mesa y de compartir con él este ideal de vida.
Por supuesto que hay que hablar su propia lengua. E incluso cuando expresamos nuestras esperanzas de regresar a nuestro país, al final, en Éretz Israel, lo decimos en la lengua del exilio, del país en el que vivimos, de la cultura que hemos adoptado y de la que queremos salir.
Y decimos ara deIsrael, y no Éretz Israel. Porque si la Tierra de Israel sigue poblada por esas distintas culturas traídas de todos los exilios, y se siguen hablando los diversos idiomas y lenguajes, todavía estamos hablando la lengua del exilio. Es Ara deIsrael, no es Éretz Israel.
Como os he dicho, éretz viene de la palabra ratzón: querer, correr hacia. En Israel se expresa una voluntad, y esa es la razón por la que decimos leshaná habaá beara deIsrael bené jorín. Cuando hayamos hecho esa aliyá a Éretz Israel y hayamos dejado de balbucear otras lenguas para hablar la lengua de la Revelación, solo entonces podremos atestiguar verdaderamente la liberación de nuestro lenguaje.
Este es el primer texto introductorio, que los ángeles servidores no comprenden, como decimos. Ellos solo saben hablar la lengua de la creación, aquella con la que D-os creó Su mundo, mediante el mosaico del alfabeto que nos entregó para darnos las mismas posibilidades de ser, con Él, creadores: creadores de un mundo mejor. Y lo repito: es por el lenguaje como pensamos hacerlo.
Es el lenguaje de Vayakhel y es el de Kohélet. Cuando el rey Shelomó analiza todas las posibilidades de vida, todas las corrientes filosóficas, reúne en su libro, junto con los representantes de todas las naciones, su lenguaje, porque el lenguaje es el secreto de la reunión.
El pan pobre que suscita el diálogo
Entonces, ¿cómo comenzamos esta noche de Pésaj? Ante todo mostrando esta matzá como pan de miseria y pan de libertad a la vez. El pan pobre, dicen nuestros sabios, es el que suscita el diálogo.
Cuando el hombre se inclina efectivamente sobre su vida y toma conciencia de sus propias carencias, siente la necesidad de encontrar fuera, en el otro, lo que lo completa. Y por eso, consciente de ello, dice: «Todo el que tenga hambre, que venga y coma», y todo el que aspire a la libertad, que quiera dar un salto, porque Pésaj significa saltar.
Y ese salto, esa andadura, no siempre es un avance etapa por etapa. Se pueden saltar muchas etapas. Cuando el Santo, bendito sea, decide algo, los acontecimientos pueden dar un giro asombroso. De la miseria más negra podemos pasar a una situación extraordinaria.
Sasón, simjá y la risa de Sará
Por eso el mundo judío conoce tres expresiones de alegría. Está el sasón. El sasón es una alegría que todavía no se ha colmado, que todavía no está satisfecha, pero que está en camino de estarlo. Creemos que va a llegar. Por ejemplo, se nos dice: «Sacaréis agua con alborozo de las fuentes de la salvación». Esos tiempos mesiánicos no han llegado todavía, pero la fe que tenemos nos deja muy optimistas en cuanto a su advenimiento, y en el fondo de nosotros mismos estamos contentos, serenos.
Está la simjá. La simjá es la alegría de una espera que se ha visto satisfecha. Nos hemos esforzado efectivamente para alcanzar algo. Hemos rezado. Y cuando ese momento llega y estamos satisfechos, entonces está esa simjá.
Pero hay una tercera dimensión, que aparece por primera vez con Sará: vatitzjak Sará, Sará rio. La risa es propia de un acontecimiento inesperado. ¿Quién habría creído que tendría un hijo a los noventa años? Pues bien, ese hijo llevará el nombre de Itzjak, ese nombre que el pueblo judío perpetuará a lo largo de su historia, riéndose de todos los acontecimientos, porque las situaciones pueden cambiar de manera inesperada, de un día para otro, de un minuto a otro.
Y esa es también la razón por la que […]. Hoy se ríen de nosotros, pero para los tiempos venideros, «entonces se llenará de risa nuestra boca». Desafiaremos los acontecimientos. Los superaremos. Los superaremos porque esa risa está en nosotros. La llevamos en nuestros genes, en la constitución misma de nuestro ser. Así fuimos forjados.
Hashatá: ahora, y no el año próximo
Y así, en cuanto hemos manifestado nuestra necesidad de compartir con el otro lo más precioso que tenemos, podemos estar seguros de que hashatá… Hashatá quiere decir ahora; no quiere decir «este año». Decimos: hashatá, ahora estamos aquí, pero el shinui, el cambio, puede producirse en los próximos minutos, y alcanzaremos el lugar propicio para nuestra plenitud, para nuestra comunicación, y solo cuando hayamos salido de nuestro condicionamiento, en nuestro lugar de reposo, en nuestra era de realización. Entonces seremos bené jorín, hombres libres. Podremos hablar de libertad total.
Y ahora va a comenzar la Hagadá, a través de las cuatro preguntas. Pero dejaré ese pasaje para la semana que viene, porque no está bien que en la Hagadá sea yo el único que hable. Quisiera que también vosotros tuvierais vuestra parte, que intervinierais. Si tenéis preguntas, con mucho gusto.
Preguntas del público
Pregunta:
Al principio de la clase usted dijo que las otras religiones hablaban de los nombres de D-os y no de Su identidad. ¿Podría explicar a qué se refería? No he entendido bien cuál es la diferencia entre los nombres de D-os y la identidad divina.
Compartimos muchos valores con las otras religiones. Compartimos muchos valores incluso con la moral laica. Tomad la segunda tabla de los Diez Mandamientos: pertenece a una moral comúnmente admitida. ¿Cuál es entonces la diferencia? La diferencia es que, para nuestro «no matarás», hay que tener delante el tzélem, la imagen divina, para saber que todo el que quita la vida a otro disminuye la imagen de D-os en el hombre. Tienes delante a un ser, a una criatura de D-os.
Hay que saber que, en el momento en que cometes adulterio, o manifiestas cualquier infidelidad, entonces tienes enfrente […]: has multiplicado tus ídolos; ya no puedes decirlo. Así que he aquí, por un lado, una moral que también puede llevar el Nombre de D-os, puesto que fue dictada por D-os al pie del monte Sinaí, pero que no forma parte de la primera tabla, que es totalmente divina, de esencia divina. Porque sin Anojí Hashem Elokeja, no habría comprendido que es el Eterno quien me sacó de Egipto. No habría comprendido entonces que toda asociación de otra divinidad o de otra creencia va a alterar esta fe primera. Lo mismo sucede con el Shabat, y lo mismo con el respeto a los padres propiamente dicho. Eso es.
No he agotado la respuesta a la pregunta, porque me llevaría mucho más tiempo, pero en otra ocasión.
Pregunta:
Cuando hablamos de Pésaj, de la liberación, esta está de todos modos ligada a Israel. Israel tiene sin duda un papel en el desencadenamiento de la liberación. No es posible estar en otro lugar que no sea Israel. Entiendo por qué no se quiere que Israel se convierta en el cauce principal de la liberación, pero Israel debe de tener, con todo, un papel en ella. Entonces, ¿por qué, en definitiva?
Porque Israel, se lo voy a decir, Israel está llamado a extenderse. Las fronteras de Israel no están establecidas definitivamente, no están fijadas definitivamente. La kedushá de Israel no será la misma en todas partes. Hay distintos grados de kedushá. La de Yerushaláyim no es la de Beer Sheva. La de Beer Sheva no es la de Nahariya o la de Netanya, etcétera. No es la de la costa oriental, y así sucesivamente.
Eso no impide que esta santidad irradie a lo lejos, e Israel no puede vivir confinado dentro de sus fronteras. Por su misión está llamado a derribar sus fronteras físicas, no las santas, lo digo. Y porque debe saber que, en esta santidad de la Tierra de Israel, lo que más cuenta es el medio. La Tierra de Israel es una herramienta puesta a disposición del pueblo, en primer lugar para que pueda florecer, […] y devolverle toda su independencia, y también para permitir la difusión de su enseñanza.
¿Otra pregunta?
Pregunta:
Usted habló de los cuatro capítulos, digamos importantes, de la Hagadá, ya que está dividida en cuatro. Decía que el tercero es el homenaje al Eterno que nos sacó de Egipto sin que lo mereciéramos, o incluso, en el límite, sin que lo quisiéramos. ¿Por qué entonces esta liberación a la fuerza?
Es una buena pregunta. Pero primero te diré una pequeña cosa, un pequeño detalle que no os he contado. Sabéis que los primogénitos varones deben observar un ayuno antes de Pésaj. ¿Por qué? Porque fueron salvados, y fueron salvados no por su propio mérito, sino porque así se decidió: Él estaba ligado por el compromiso que había contraído con los patriarcas. Eso es todo.
Entonces uno se pregunta: ¿por qué las primogénitas, las muchachas, no ayunan también, puesto que la makat bejorot, la plaga de los primogénitos, en su ejecución, alcanzó también a las hijas primogénitas? Así que también las primogénitas fueron salvadas. No: las muchachas tenían su propio mérito. La resistencia en Egipto la llevaron a cabo las mujeres, y ese mérito de la resistencia las protegió. No están obligadas a ayunar. Eso, en cuanto al pequeño detalle.
Lo segundo: la elección del pueblo judío. ¿A qué se la debemos, según el Majaral de Praga? Es gratuita: es D-os quien lo decidió así. La elección del pueblo judío es, en su origen, un dogma. No se debe a que hubo un hombre como Avraham, un antepasado excepcional por la práctica de su bondad. Porque Avraham es también el padre de Yishmael. Itzjak es también el padre de Esav. Entonces, ¿por qué no asociarlos a pesar de todo?
Es cierto que tenemos a Yaakov, porque él conservó a su familia en su totalidad. Pero ¿justifica eso el compromiso de D-os junto a un pueblo que Él escogió, que Él eligió? Lo llama bejor, es el bejor, el primogénito; Él eligió. Pero esta elección conlleva una pesada responsabilidad. Si se me elige como cabeza de familia a una edad temprana, es más bien una carga. No me hacéis ningún favor.
Lo que constituye el mérito de Israel es que se adhirió a esta elección, que aceptó de buen grado asumir la responsabilidad de ser mamléjet kohanim vegoy kadosh, un reino de sacerdotes y una nación santa. De lo contrario, por sí mismo, naturalmente se inclinaría a rechazarla. ¿Por qué voy a ser yo el jefe de las naciones? ¿Por qué voy a ser yo el mejor? ¿Por qué voy a ser perseguido por todo el mundo, criticado por todo el mundo, envidiado por los espíritus mezquinos? No, no lo quiero. Quiero vivir como todo el mundo. Y hay entre nosotros una tendencia que piensa así.
¿Otra pregunta?
Pregunta:
A propósito del número cuatro: durante años, hasta ahora, usted ha hablado de la importancia del número cuatro. Nunca había entendido […]. Hasta hicieron un piyut de este número que se repite, ¿no es así? ¿Podría usted quizá…?
Sí, pero me temo mucho… Está aquí, ante mis ojos, porque estoy escribiendo un comentario sobre la Hagadá de Pésaj, esta vez en hebreo, y el título de este capítulo es Besod haarbá, «El misterio del cuatro». Pero no entra en el espíritu de la clase, porque intervienen elementos cabalísticos.
Están los cuatro exilios que atravesamos, que hemos atravesado. Está la dislocación del Nombre divino en sus cuatro letras, yud, he, vav, he, que hace que el Nombre de D-os no esté enteramente constituido. Queda tomado como rehén por cada una de las naciones. Queda tomado como rehén por cada tendencia dentro del pueblo de Israel.
El sabio por un lado, el rashá también por otro. Atención: el rashá no es un necio. El rashá es un espíritu científico brillante. Por eso encuentra su lugar junto al jajam. No se lo puede excluir. Es que no quiere sabiduría. Simplemente quiere que todo se ajuste a las leyes de la naturaleza, a las leyes físicas, a las leyes de la sociedad, a las leyes naturales, a la moral natural.
Y están los que han tomado como rehén la vav: ese es el tam. Cree más en los santos que en el Santo, bendito sea. Se dirige más a ellos que a D-os. Una fe un poco primaria, digámoslo claramente. ¡Como si Moshé Rabenu no tuviera el mérito de esos grandes tzadikim de hoy! Habría que relativizar las cosas, ¿no es así? Por supuesto que respetamos a los tzadikim, pero mantengamos el vínculo con el Señor de la creación, con el Señor de la Revelación.
Luego tenéis, efectivamente, a los neutros, los que están en un silencio total, ¿no es así? Han preferido contener el aliento, guardar silencio. Pero tendremos ocasión de verlo quizá la semana que viene; aportaré algunos elementos más. Pero sabed que este número atraviesa todo […], de principio a fin.
Pregunta:
Más que los que contienen el aliento y guardan silencio, están realmente los que no saben hacer preguntas, a quienes las preguntas ni siquiera se les ocurren, y ese es un vacío todavía mayor.
Entonces hay que sacudirlos, hay que sacudirlos. No hay que ignorarlos. Está dicho at petaj lo. Habría que haber dicho: si dices at, deberías decir atá. Pero nos dirigimos al hombre diciéndole: toma ejemplo de la mujer. La mujer se da. No da simplemente: se da por entero. Así que tú también, petaj lo, haz como la mujer, date a él.
Un estudio del Rav Raphaël Benizri. Vea también todas las clases de Pésaj.
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